TANGO

 

         La musica de tango nació en los  suburbios  de la capital de la Argentina, Buenos Aires, en los arrabales, como so­lía Ilamarse a esos barrios de dudosa reputación a principios de siglo, cuando la ciudad crecía a un ritmo soste­nido, en una  transformación que vería a la antigua Gran Aldea del siglo 19 transformarse en la gran metropoli de los años  '40,   época en que el  tango a!canzó su pico de popularidad.   Como el jazz, la música de tango había comenzado su vida  en los burdeles y similares  lugares de mala  fama y obtuvo su primer  reconocimiento en Europa (princìpalmente en Francia y España)  antes de su regreso triunfal  a  la Argentina. EI público originaI de la música de tango se nutriò del  flujo sostenido de la inmigración que invadió Argentina a partir de 1880 y que duró hasta bien  entrada  la tercera década de nuestro siglo.  Los primeros músicos de tango, por lo tanto, fueron principalmente de origen  italiano y espanol y las tempranas manifestaciones del género consistian en piezas instrumentales,  interpretadas por un ensamble compuesto por guitarra, flauta y vio­lin y  (testimonio de su origen "non-sancto")  con titulos que traslucían re/erencias sexuales apenas veladas. No pa­só mucho liempo, sin embargo, hasta que la instrumentación se ampliò para incluir piano, contrabajo y , lo más importante,  el bandoneón.

EI bandoneón, instrumento de orígen alemán, primo del acordeón, con un sonido más duro y melancolico,  pronto habría de transformarse en  sinónimo de tango, la encarnación misma del alma tanguera.  El  instrumento es diatónico, es decir, que se obtiene una nota diferente,  con la misma postura de dedos, al cerrar y abrir el fuelle.  EI fuelle del instrumento es extremadamente largo, lo que permite tocar con mayor cantidad de aire en su inte­rior y de esa  forma  producir notas alargadas y vigorosas, subrayando la naturaleza sensual y apasionada de la mú­sica.

Como parte de la misma transición que integró el bandoneón al tango,  las  letras se volvieron más y más im­portantes en los años veinte, al tiempo que la popularidad de cantantes como Carlos Gardel crecía hasta propor­ciones inusitadas.  A  la manera del blues, las letras de tango habitualmente trataban del placer y el dolor asocia­dos con el amor y el romance   (un tema recurrente es la supuesta falsedad  y  la  naturaleza engañosa de las mu­jeres, a menudo  contado con una pizca  de tragicomedia)  pero hubo poetas, en especial Enrique Santos Discépolo,  que brindaron en sus estrofas un testimonio preciso de las vicisitudes del porteño,  el habitante de Bue­nos Aires, en su  lucha para sobrevivir  en un medio social que se volvía más y más hostil en medio de gobiernos débiles o indiferentes y de !a corrupción política que caracterizó   la década  infame, nombre que generalmente se vincula en  la  Argentina  con  los  años  '30.  Los  veinte años que  van  de 1930 a 1950   vieron un crecimiento  sin  precedentes del tango y  su consolidación como la música oficial de Buenos Aires.   La popularidad del género se extendió  mas allá  de las fronteras de Argentina y pronto paises tan disimiles entre si como Colombia, Francia, Estados Unidos y Japon contaban por  miles  a los fanáticos de ese baile sensual y exótico.  Mientras tanto, en Buenos Aires, en cualquier noche de la se­mana,  las orquestas más renombradas,  las de Anibal Troilo "Pichuco", Juan D'Arienzo,  Osvaldo Fresedo,  Ricardo Tan­turi, Angel D'Agostino y docenas de otras agrupaciones tangueras, monopolizaban los principales clubes y salones de baile alrededor de la célebre Avenida Corrientes,  "la calle que nunca duerme",   expandiendo el evangelio de esta música inigualable.

AI entrar el tango en los años '60,  nuevas  voces comenzaron a hacerse escuchar.  Algunas de ellas, como el conjunto de Baffa-Berlingieri o el cantante Roberto Goyeneche,  añadieron nuevas perspectivas a  las viejas tradiciones,  mientras que Astor Piazzolla trajo un espiritu renovador y experimental,  un aporte siempre bienvenido para toda forma artística que desta evitar la repetición y el estancamiento.

En los ultimos anos, otros ritmos y estilos lucharon por alcanzar supremacía en el gusto popular pero nunca pudieron arrebatarle al tango el sentimiento que yace en el centro mismo de su historia: el ser la corporización misma de la ciudad que lo cobijó y que ha presenciado su progreso constante, paso a paso, a lo largo de más de un siglo.

Tango-Made in Argentina acompaña la evolución de la música de tango a través de más de sesenta años de historia e incluye varios de sus hitos hechos canciones, interpretados por las  más prestigiosas orquestas y los más célebres cantantes del género.

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